misterio del proceso

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Authors: Salvatore Satta
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Abstract

Cuentan las historias que el 2 de septiembre de 1792, mientras el tribunal revolucionario, constituido hacía pocos días (solo tenía tres cabezas), juzgaba al mayor Bachmann, de la guardia suiza real, un rumor sordo y lejano invadió la gran sala de las audiencias, que llevaba el nombre de San Luis.Llamada a reunirse por esporádicos disparos de cañón -ese cañón que, en la fantasía del poeta, habría de convertirse un siglo después en "amonestador"-, una muchedumbre inmensa, la muchedumbre de todas las revoluciones, emergía de los bajos fondos y se desbordaba sobre las orillas y los puentes del Sena.Eran las tres de la tarde, el día era limpio y cálido.Impasibles, los jueces se disponen a interrogar a algunos soldados suizos, arrestados también el 10 de agosto, que han sido conducidos desde las cárceles abarrotadas para testimoniar contra su propio jefe.Hacia las cuatro y media, el rumor se hace más cercano e insistente.Parece casi subir desde el palacio mismo.Un ujier del tribunal (las crónicas han conservado su nombre) se asoma a una ventana, que da al patio de los presos de las cárceles inferiores, y una espantosa visión se ofrece a su mirada.Una horda de sansculotes, excitados por algún demagogo, había forzado las puertas, y armada de puñales, hoces y picos arrastraba a medio patio a cuanto prisionero encontraba ante un improvisado Tribunal del Pueblo, haciéndoles horrible estrago.Como los desgraciados, presos del terror, se refugiaban dentro de las celdas, improvisando barricadas, echaban abajo puertas y obstáculos y golpeando ciega y furiosamente los abatían uno sobre otro, mísero amasijo de carne sanguinolenta.Ni las luchas, ni los gritos, ni los Salvatore Satta acfs, 60 (2026), 497-510 498 sollozos, ni las súplicas desesperadas, ni el ruido de los golpes y las puertas arrancadas, ni las cabezas aplastadas, los pechos desgarrados, la sangre que corre a raudales, el horror que de esta arena de masacre sube, con el olor de la carnicería, hacia las ventanas, nada interrumpe o retarda la audiencia que se desarrolla en el tribunal, en la sala denominada San Luis.De pronto, entre la masa bestializada corre la voz que los suizos del rey están en la sala de las audiencias.Con gritos inhumanos se atropellan escaleras arriba, atraviesan estancias y vestíbulos (venerables por antiguos recuerdos) y aparecen en el umbral, ensangrentados los andrajos y las armas.El terror es tal que los suizos se arrojan al suelo, arrastrándose por debajo de las bancas para huir de la cacería.Sólo el acusado Bachmann, que está seguro de morir, sea por los jueces o por estos asesinos, desciende del sillón donde lleva sentado treinta y seis horas y se presenta en el banquillo como para decir: matadme.Se produce un hecho admirable.Con un gesto, el Presidente Lavau detiene a los invasores: con pocas palabras, firmes y tajantes ordena "respetar la ley y al acusado que está bajo su espada".Entonces, los masacradores, en silencio, se repliegan dócilmente hacia la puerta."Ellos han comprendido" comenta Lenótre (Le Tribunal révolutionaire, París, 1947, página 52), del cual recogemos el episodio, "que la obra que ellos realizan allá abajo, con las mangas remangadas y la pica entre las manos, estos burgueses de capa negra y sombrero emplumado la perfeccionan (la parachèvent) desde sus sitiales".El triste incidente se abre como un misterio doloroso a la contemplación del jurista.Es un suceso de ayer; pero también lo es de hoy y lo será de mañana, puesto que ciertamente no cabe engañarse pensando que el frágil artículo de la nueva Constitución que prohíbe instituir tribunales o jueces extraordinarios obligue a la historia y decida la mutación de su curso sangriento.Estas promesas que los seres humanos, temerosos unos de otros, se intercambian en una carta más o menos solemne son como las promesas de eterna fidelidad en el amor: valen mientras valen, rebus sic stantibus, hasta que la naturaleza, la pasión, la locura acaben por imponerse.Pero en el episodio que hemos narrado y en las palabras con que el historiador lo comenta, el drama tiene casi la rigidez de una fábula, la acción ha sido como cerrada en el círculo de una linterna mágica o, si queremos mantener el sentido religioso de horror, en el cuadro de un via crucis.Dos grupos de hombres están frente a frente en la sala San Luis.Acerca de uno de ellos, que se encuentra en el umbral, no cabe la menor duda: son asesinos.Tienen las manos enrojecidas de sangre, los andrajos ensangrentados; sangre piden todavía con los ojos fijos en los pobres prisioneros que están al otro lado de la reja.Pero, ¿el otro, los otros hombres?Si se interroga

Fields of Study & Subjects

Legal processes and jurisprudence Family and Matrimonial Law Comparative International Legal Studies

Publication details

Journal / source
Anales de la Cátedra Francisco Suárez
Publisher
Editorial de la Universidad de Granada
Volume
60
Pages
497–510
Publication date
13 January 2026